Caza furtiva: Sigue la depredación y los guardafaunas no dan abasto

Con gran impunidad continúa a la orden del día la depredación de la fauna silvestre por parte de cazadores furtivos que aprovechan esta época de inundación –que acorta la tierra firme y por ende, deja a los animales más expuestos y vulnerables– para masacrar fácilmente a centenares de presas.

La caza deportiva está prohibida en todo el territorio provincial, y el Ministerio de Medio Ambiente aún no se ha expedido sobre las habilitaciones para este año, en cuanto a los meses de temporada, las especies admitidas y la cantidad de ejemplares que se pueden capturar. Nada de ello se respeta y la prueba está en los resultados de los operativos que realizan los guardafaunas ad honorem comprometidos con la protección de la fauna silvestre, que dedican su tiempo libre y recursos propios para recorrer los parajes más vulnerables, y que por estos días no dan abasto.

Acompañados de la policía provincial, labran actas de infracción a la Ley de Caza Nº 4.830, que prevé sanciones monetarias, mientras que el personal de la fuerza de seguridad secuestra –en caso que corresponda– el armamento que esté fuera de la reglamentación (Ley Nacional de Armas Nº 20.429), dando lugar a un procedimiento judicial a los cazadores.

Las postales son aberrantes: en medio de campos inundados, los pocos caminos rurales transitables se convierten en cementerios de animales, regados de aves muertas. Cartuchos y plomo por todas partes. Vehículos repletos de patos despellejados, apilados en las cajas traseras de camionetas y baúles de autos. Y también, mezclados entre patas y cogotes laxos, aparecen otros “trofeos”, como algún flamenco rosado que mataron por matar, porque de este ni siquiera se aprovecha para el consumo pues prácticamente no tiene carne.

Otros elementos que se suelen decomisar son los señuelos como los patos eléctricos, que son réplicas de estas aves que funcionan con una batería interna y que agitan las alas para indicar a las bandadas que el lugar donde está posada es seguro y pacífico para bajar. De la misma manera operan llamadores que se soplan y emiten un sonido que engaña a la presa, y que se usan para capturar siriríes.

“Parece una guerra. Hay que escuchar cómo tiran y tiran. Y hay que ver cómo caen los bichos”, contó el guardafauna honorario santafesino Sebastián Lovera, luego de hacer un operativo de control en Arroyo Aguiar –a 25 kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe, en el departamento La Capital– junto a su par esperancino Juan Martín Mastropaolo y a personal de la seccional 15ª de Los Pumas de la localidad de Constituyentes.

“El procedimiento fue extenso porque los cazadores siguen metiéndose en los campos privados anegados y la verdad que no hay forma de llegar o meterse con el agua hasta el pecho. Yo puedo ingresar, pero la policía queda del otro lado del badén por lo que hay que esperar a que los cazadores se dignen a salir y regresar a sus vehículos que dejan en el camino, y ahí recién podemos entrevistarlos y aplicarles todo el peso de la ley. En esta oportunidad sorprendimos a seis personas de las comunas de Nelson y Frank, mientras que tres se nos escaparon por una laguna a bordo de una lancha”, explicó el guardafauna.

“El resultado fue el secuestro de una escopeta, 58 patos crestones y siriríes y un par de gargantillas, que es un pato precioso, que cuida a sus pichones, los lleva en el lomo y no solo está vedado sino prohibido porque no hay tantos”, contó Lovera.

Intrusos

“Hablamos con los dueños de los campos que ya están hartos del tema, porque los infractores se meten y rompen todo, y siempre hay algún vivo que se lleva algo que no le corresponde. Los cazadores vienen de la misma ciudad de Santa Fe, de Monte Vera, Esperanza, Rafaela, Sunchales y cada vez que vas y hacés un operativo, siempre dicen lo mismo: que no sabían que estaba prohibido. Conocen que hay controles pero no saben nada de la ley, de las armas, de los cupos. Desconocen que en los departamentos La Capital, San Lorenzo y Rosario directamente no se puede cazar nada. Obviamente muchos se hacen los tontos y siguen matando, siguen haciendo lo mismo”, advirtió el protector.

“Y… alguna vez nos tenía que pasar”, le reconocieron días atrás unos cazadores al guardafauna corondense Roberto Schiozzi, mientras les labraba las actas de infracción tras sorprenderlos depredando cerca de la localidad de Desvío Arijón,. El custodio manifestó “tristeza”, al descubrir que habían matado “más de 150 patos, pichoncitos, cisnes de cuello negro, bandurrias y flamencos rosados. Van a hacer daño y la tienen clarita, saben que está mal”, expresó.

Sinverguenzas

Es tal la impunidad de los cazadores furtivos, que “mientras estábamos ahí, labrando las actas, seguían disparando a los animales delante de nuestra propia cara”, graficó Lovera, en alusión a otro operativo que realizó junto a Schiozzi la semana pasada en caminos rurales, lagunas y distritos rurales del departamento San Martín, en coordinación con personal policial de San Jorge y de María Susana.

Durante estos operativos se labraron un total de 16 actas de Infracción a la Ley Nº 4.830, se decomisaron más de 180 aves silvestres víctimas de la caza furtiva y se procedió al secuestro en forma preventiva de ocho armas de fuego, además de un centenar de cartuchos y artículos varios que eran utilizados como auxiliares de la caza deportiva, informaron los guardafaunas.

“Para desalentar la caza furtiva de especies silvestres, las cuales en estos momentos se encuentran vulnerables por distintas causas, se necesitan de estas coordinaciones entre las fuerzas nacionales y provinciales y las áreas específicas de control, y en consecuencia lograr una protección integral de la fauna y la flora santafesinas”, concluyeron Schiozzi y Lovera en su reporte.

Tomado de La Capital

 

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