Chicos de Esperanza premiados por un proyecto científico que buscar reciclar agua

Chicos de Esperanza premiados por un proyecto científico. Ayer presentaron a los ganadores que este año financiará la Plataforma Ciencia País. Entre ellos, alumnos de la EET N° 455

Producir dulce de leche y mermelada libres de azúcar, recuperar el agua de lluvia para reducir el consumo del agua potable en ciertos usos y transformar la basura en biogás fueron los tres proyectos diseñados por alumnos de escuelas secundarias que recibirán entre 30 mil y 40 mil pesos de la Plataforma Ciencia País para ser desarrollados.

De los tres colegios seleccionados, dos son públicos: la Agrotécnica de Casilda (UNR) y nuestra querida Escuela Técnica N° 455 de Esperanza. Uno es privado, el Colegio San José de Rosario. La convocatoria Manos a la Ciencia, busca que los chicos presenten iniciativas para dar solución científico-tecnológica a problemas en su comunidad.

Esta vez, la iniciativa estuvo limitada a escuelas santafesinas. Participaron unas 20 y en esta etapa resultaron seleccionadas esas tres, cuyos equipos presentaron públicamente sus propuestas en la sede de los institutos Max Planck y de Investigaciones para el Descubrimiento de Fármacos de Rosario.

Cinco chicos de 6º año de la EET N° 455 contaron cómo están tratando de aprovechar el “recurso natural de la lluvia” para uso en baños, riego y lavado de ropa o autos. El objetivo, explicaron, es “reducir el consumo de agua potable“, un “bien escaso”, reemplazándola por la que llega por precipitaciones, de menor dureza y conductividad.

Los alumnos recordaron que en nuestra región, en los últimos cuatro años, cayó un promedio de 103 milímetros de lluvia mensuales. Mediante un adecuado sistema de recolección pueden ser utilizados primero por la escuela y luego, eventualmente, por cualquier vivienda de la comunidad. La meta sería alcanzar una “escala ciudad”.

Los otros proyectos

Los once chicos del San José de Rosario, equipo de expositores también, apuntó también a una mejora ambiental, pero centrándose en la producción de residuos. Como marco, recordaron que en el país se generan 39 toneladas de basura diaria, a razón de un kilo per cápita, lo que contamina suelos, atmósfera y agua.

¿Qué hacer con esos residuos”, se preguntaron, y analizaron las ventajas y perjuicios de cada tipo de tratamiento. Desecharon la incineración y el vertedero, para optar por un sistema de “biodigestor”.

Esa tecnología permite que la basura orgánica se degrade vía la fermentación anaeróbica mediante la ayuda de microorganismos. De la degradación se obtiene biogás (aprovechable para generar calor) y, con un tratamiento adecuado, eventualmente también electricidad, contaron los chicos. ¿Las ventajas? Una “reutilización de la energía”, una “solución ecológica” y el “cuidado del ambiente”.

Los chicos de la Agrotécnica de Casilda, maestros desde hace años en la elaboración de quesos y dulce de leche, esta vez apostaron a “explorar nuevas formas de producir alimentos”, en este caso “funcionales”, es decir, beneficiosos para el organismo.

Uno a uno, fueron explicando por qué: sin agregado de azúcar, el dulce de leche y la mermelada que desarrollarán apuntarán a una reducción calórica y el aporte de fibras, con la consiguiente prevención de la obesidad, enfermedades cerebrovasculares y coronarias, reducción de los picos glicémicos y mejora del tránsito intestinal.

Para lograrlo, los dulces se producirán con stevia y sucralosa, frutas y gelificante. Probarán ingredientes y dosis, y luego evaluarán los resultados con un “panel sensorial”. Los chicos recordaron que el 70 por ciento de lo que elaboran se consume dentro de la escuela (muchos viven allí durante la semana), pero el resto, un “gran desafío”, intentarán comercializarlo.

Premiados

Orgullosos, entusiasmados, alegres. Así se vio a chicos y grandes en la presentación de los proyectos, financiados por el Instituto Max Planck con el gravitante aporte de las fundaciones Medifé y Bunge & Born.

Fiel a su estilo, el director de la Plataforma País Ciencia y el laboratorio Max Planck local no se cansó de agradecer a la educación pública y a los propios pibes la posibilidad de llevar adelante la convocatoria, una apuesta a que la ciencia se afiance como política de Estado, sirva a la vida y al pensamiento crítico.

“Creemos que la ciencia y la tecnología son un bien social, no de privilegio para pocos”, aseguró Fernández, quien reivindicó la articulación público-privado “real”, con un sentido excluyente: “Que nosotros (los científicos) pongamos el know how y los privados la moneda”, sin condicionamientos ni intereses camuflados, afirmó.

Los chicos entendieron el mensaje. Los docentes también. Y todo fue una fiesta.

Fuente: La Capital

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