Día del Médico Rural: Doctor Esteban Laureano Maradona, ejemplo de solidaridad y entrega

El doctor Esteban Maradona nació en Esperanza en 1897. Dejó a un lado su comodidad en la ciudad, para permanecer entre los indígenas formoseños y chaqueños, tratando por todos los medios de elevar sus condiciones de vida, es un modelo de solidaridad y entrega a los más humildes y postergados. En su honor, hoy se celebra el Día del Médico Rural.

Esteban Maradona nació en Esperanza, era hijo de un sanjuanino, de ascendencia patriota, maestro, periodista y político que dirigía una escuela. Su madre provenía de una familia de estancieros, también santafesinos. Se graduó como médico en Buenos Aires en 1928 y al año siguiente llegó a Resistencia donde instaló su primer consultorio. Dos veces por semana se trasladaba a Barranqueras también para atender pacientes.

Además de ejercer su profesión se dedicaba al estudio de la naturaleza chaqueña y de los aborígenes, con resultados que volcó luego en sus escritos. La Isla del Cerrito fue escenario de numerosas investigaciones, cuando recién se había iniciado la construcción del hospital.

Al igual que su padre, se inclinó hacia la actividad periodística y publicó en La Voz del Chaco varios artículos sobre seguridad en el trabajo, en el marco de la nueva ley, y dictó un curso sobre el tema. El Chaco era gobernado por un interventor militar y para evitar posibles represalias por su crítica participación, se mudó al Paraguay.

El país vecino vivía los momentos previos a la Guerra del Chaco y Maradona se alistó como voluntario en el ejército paraguayo, no obstante actuó como médico para ambos bandos, pues, según sus palabras: “El dolor no tiene fronteras, es internacional”. Su actitud humanitaria fue mal interpretada y pasó una temporada en la cárcel, acusado de espionaje. Luego de que todo se aclarara, fue designado director del Hospital Naval y desde esa función redactó el reglamento de sanidad.

Cuando en 1935 terminó la guerra y luego de haber fallecido su prometida a raíz de una epidemia de tifus, volvió a nuestro país. Durante un tiempo permaneció en el Chaco, explorando los ríos Pilcomayo y Bermejo, dialogó con indígenas de varias parcialidades, describió la flora y la fauna y recogió datos que registraba en sus apuntes. Decidió luego volver a Buenos Aires donde residía su madre quien ya le había instalado su consultorio, sitio en el que le esperaba una holgada situación económica. Pero el azar le deparaba otro destino.

Esteban, el médico rural

Mientras cruzaba el entonces territorio de Formosa, un hecho circunstancial generó su intervención y determinó que permaneciera en el Nordeste por más de medio siglo. El tren se detuvo en Guaycurim (hoy Estanislao del Campo). Era solo un pequeño conjunto de ranchos sin los básicos elementos de una comunidad: luz, agua, electricidad. Un grupo de vecinos se acercó al tren para pedir ayuda para una mujer que trataba de dar a luz a un bebé y se hallaba en estado crítico. La intervención del doctor Maradona salvó su vida y la del niño, y cuando intentó subir de nuevo al tren, los angustiosos pedidos de los habitantes del lugar, aborígenes tobas, mocovíes, matacos y pilagás, en su mayoría, determinaron que cambiara su destino y allí se quedó por más de cincuenta años.

Al comienzo debió soportar el recelo y hasta la agresividad de los indígenas, a quienes, según sus palabras trató “con cariño y paciencia, pues eran semisalvajes y debió cuidarse de una mala jugada” pero con el tiempo ellos comprendieron sus propósitos, lo aceptaron y lo necesitaron.

Los indios y mestizos tendrían allí su médico, a quien llegaron a llamar doctor Dios, pero además y sobre todo a un hombre solidario que luchó permanentemente por elevar el nivel de vida del conjunto. Con ese objetivo propuso y logró la aprobación de autoridades nacionales, de un programa de promoción humana y social.

Obtuvo la concesión de una porción de tierra fiscal para crear la colonia Juan Bautista Alberdi, oficializada en 1948. Mejoró la estación ferroviaria y el local de la comisaría. A fin de solucionar el problema del agua exploró posibles fuentes y proyectó un camino hacia el río Teuco que si se concretaba, permitiría el acceso a un gran reservorio. Gestionó y obtuvo la creación de una escuela y defendió a los aborígenes que eran explotados periódicamente en la zafra azucarera. Les enseñó prácticas agrícolas además de la fabricación de ladrillos, los que permitieron una mejor condición de las viviendas. Se calificaba a sí como un ser “siempre preocupado, siempre trabajando en un ritmo de vida que lo hacía feliz”.

Mientras tanto no olvidó sus diversas investigaciones acerca de la naturaleza y sobre enfermedades que azotaban a la zona: tuberculosis, mal de Chagas, paludismo, lepra. Muchos casos logró reducir en buena medida. Tampoco dejó de lado sus esporádicos viajes al Chaco, ocasiones en las que visitaba a sus amigos, principalmente a la familia Cirimele de Barranqueras.

Los resultados de sus estudios quedaron plasmados en A través de la selva, en Estados Unidos editó Recuerdos campesinos, y escribió una tercera obra: Una planta providencial. Fue invitado por el Instituto Popular de Conferencias en varias ocasiones para disertar en la Capital Federal, tarea que cumplió frente a un numeroso público. Dejó numerosos apuntes de sus observaciones y descubrimientos, los que permanecen inéditos.

En tres ocasiones fue propuesto para el premio Nobel, sin obtenerlo. Sí recibió un diploma de honor internacional de Médicos por la Paz. Rechazó recompensas, premios y tentadoras ofertas laborales que provenían especialmente del Paraguay, en aras de los objetivos que se había propuesto alcanzar en aquel pequeño poblado formoseño. Se negó a percibir una pensión vitalicia que por decreto le otorgaba el gobierno de Formosa y fundamentó su decisión al sostener que curar, educar y ayudar a los indígenas, era una obligación moral que le debía a la Patria y a la humanidad.

En 1986 su mala salud lo obligó a alejarse del lugar para vivir en Rosario con un sobrino. Allí falleció a los 99 años. Y la fecha de su nacimiento, 4 de julio, fue declarada Día del Médico Rural.

Su vida austera y sacrificada es un muestrario de virtudes que prefirió ejercer antes que gozar de un próspero buen pasar. Su pensamiento se sintetiza en una frase que le pertenece: “Se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad es realizarse íntegramente en la dimensión humana para la cual ha sido creado”.

* Esta nota fué publicada en el suplemento Chaqueña del día 26 de Abril, 2014.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *