¿Un fantasma en el Palacio Stoessel? Trabajadores y vecinos en pánico

¿Un fantasma en el Palacio Stoessel? El histórico edificio es un emblema de Esperanza. Sus paredes son testigos silenciosos de más de 130 años de historia. Bajo su techo vivieron y trabajaron cientos de personas, y dicen que el alma de una de ellas ronda el lugar provocando pánico a quienes se atrevan a ingresar.

De galera y bastón, el fantasma de un hombre rondaría los derruidos espacios del Palacio Stoessel, donde un grupo de trabajadores realiza las tareas de retechado que el año pasado comenzó la Municipalidad.

Fue uno de ellos, quien el jueves 18 de julio a las 8:00 de la mañana, se vio sorprendido por la presencia sigilosa e imponente de un hombre que llevaba galera. Allí, entre las descascaradas y vacías paredes de una de las enormes y frías habitaciones del palacio, se le presentó la figura de este hombre, cuya vestimenta y fisonomía, le habrían recordado al gran fotógrafo esperancino, Fernando Paillet.

Su sola presencia, inesperada y real, bastó para que el asustado trabajador saltara tapiales y terminara pidiendo auxilio en un casa lindante. El hombre avisó a sus superiores de lo sucedido y la historia no tardó en viralizarse.

Como ya dijimos, quienes trabajan en el lugar creen que dicho fantasma es nada menos que el gran fotógrafo esperancino Fernando Paillet, quien tuvo su estudio en la planta baja del palacio. Paillet nació el 27 de octubre de 1880 y falleció el 3 de noviembre de 1967. Es uno de los fotógrafos más importantes de la Argentina y un verdadero ícono de nuestra ciudad.

Paillet se dedicó a registrar la colonización y vida de los colonos en Esperanza. Se definía a sí mismo como “un fotógrafo provinciano que documentó la Pampa Gringa”​. En cada una de sus imágenes se plasma su amor por la colonia y por el trabajo que hacía.

Depresión y enojo

En 1948, el Municipio le propuso abrir un Museo de Bellas Artes. Entusiasmado, Paillet ofreció instalar también un anexo y crear el Archivo Histórico de Esperanza. Con arduo trabajo, buscó y recopiló las viejas fotografías que iba consiguiendo de la gente, con un criterio de conservación del patrimonio cultural que complementaba de manera increíble sus dotes de artista.

Pero cuando todo está preparado y el trabajo realizado, las autoridades decidieron dejar todo en la nada. El resultado fue un Paillet desmoralizado. Dolido, destruyó casi por completo todo el material acumulado. Solamente quedaron unas doscientas placas disponibles, que se salvaron de su ira por ser imágenes no oficiales; fotos tomadas sólo para él: gente anónima, amigos, lugares públicos y queridos. Pero el enojo del fotógrafo fue tal, que prohibió el uso del archivo después de su muerte.

Gracias a su sobrino Rogelio Imhof, el material conservado formó parte de una colección editada en 1987 por la Fundación Antorchas; un documento de gran valor y belleza, que pone de manifiesto la pasión, el ingenio y la creativa de Fernando Paillet, el mejor fotógrafo esperancino.

133 años de historia

Ubicado en la esquina céntrica de Belgrano y Lehmann, el hermoso techo verde del palacio podía verse desde toda la ciudad. Fue construido en 1886 por Juan Stoessel, empresario asociado a Guillermo Lehmann y a Carlos Bosch, con quien fundó el Molino Bosch Stoessel, denominado Molino Angelita.

El solar fue vendido al Banco de la Nación Argentina y sede del mismo hasta 1923. Luego fue subastado y adquirido por Marcos Bertotti en 1926.

Después, en las habitaciones de la planta baja que dan sobre la esquina, instaló su estudio fotográfico Fernando Paillet y en las dependencias familiares funcionó el primer sanatorio en Esperanza.

Fantasma en el Palacio Stoessel

Quienes creen en los fantasmas aseguran que estas entidades son almas en pena que deambulan entre el mundo de los vivos y el más allá porque tienen asuntos pendientes; cuestiones que no pudieron solucionar en vida.

Pero más allá de los mitos y creencias, lo cierto es que además de un trabajador asustado, hay también muchos vecinos que aseguran haber sentido presencias extrañas en el lugar. Incluso, hay quienes aseguran que algunos decidieron mudarse por no tolerar estas circunstancias.

Creer o no, será cuestión de cada lector.

Fuentes: Revista de artes, El Litoral, Producción Play Televisión

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