Vecinos de La Orilla denuncian la proliferación de insectos y alimañas

Entre las moscas. Vecinos cercanos a la cava denuncian la proliferación de insectos y alimañas que afectan su vida diaria y sus actividades comerciales.

Además del olor y del humo, los vecinos de barrio La Orilla sufren otras situaciones como consecuencia de su proximidad con la cava de la ciudad, donde diariamente se depositan unos 35.000 kilos de basura. La dueña de una verdulería, por ejemplo, denuncia que le resulta casi imposible trabajar debido a la proliferación de insectos en el lugar.

La humedad y el calor propios de esta época del año y de nuestra región, son las condiciones ideales para la multiplicación de todo tipo de alimañas y la intensificación de los olores.

“A la verdulería la afecta un montón, sobre todo las moscas. No se puede abrir las puertas porque entran”, lamentó la vecina. Y agregó que se trata de “moscas verdes, no la mosca común. Nosotros sacamos verdura y cuando se pone feo es una nube negra de moscas. Entre las moscas y el humo no se puede vivir“.

La comerciante señaló que “únicamente prendiendo el aire acondicionado se puede evitar un poco” dicha situación, pero dado el costo de la energía, no es una opción viable para un pequeño negocio.

“Al ponerse fea enseguida la verdura, traes menos cantidad para que no se eche a perder. Viene gente a comprar, no tenés lo que buscan y se van a otro lado a comprar”, relató.

Mosca verde

La mosca verde botella común, cuyo nombre científico es Phaenicia sericata o Lucilia sericata; es una mosca que se encuentra en la mayoría de las áreas del mundo, y la más conocida de las numerosas especies de moscas verde botella.

Puede medir entre 10 y 14 mm de largo, ligeramente más grande que una mosca doméstica. Tiene coloración brillante, metálica, azul-verde u oro con marcas negras.

Lucilia sericata prefiere los climas cálidos y húmedos y, en consecuencia, es especialmente común en las regiones costeras, pero también está presente en las zonas áridas.

La hembra pone sus huevos en carne, pescado, cadáveres de animales, heridas infectadas de seres humanos o animales y excrementos. Las larvas se alimentan de tejido en descomposición.

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