El Impenetrable, olvidado entre la pobreza y las enfermedades

El Impenetrable, olvidado entre la pobreza y las enfermedades. Juan Escudero y su equipo de voluntarios cumplieron una nueva Misión al Impenetrable, llevando alimentos, golosinas y medicamentos, a quienes más lo necesitan. Escuelas cerradas, chicos con desnutrición, falta de agua y todo tipo de enfermedades fue lo que encontraron a su paso por el norte del país.

Atravesando caminos intransitables, puentes en estado calamitoso, y soportando el sol del norte con temperaturas superiores a los 40ºC, Juan Escudero y todo un equipo de voluntarios recorrió el monte chaqueño llevando, rancho por rancho y escuela por escuela, los alimentos y medicamentos donados por los esperancinos.

Encontraron un escenario lastimoso, sumido en la pobreza y el abandono. Uno de los lugares es la Escuela EEP Nº 362,  Campo La China, donde “ya no había nada. Nunca los vi tan mal como ahora, a pesar de que hace muchos años que vamos. Hace seis meses que no reciben las partidas alimenticias”, explicó Juan.

“Cumplimos el trabajo. Nos tocó agua al llegar 200 mm de lluvia y no teníamos donde dormir, el comienzo fue muy difícil. Eso retrasa todos los cálculos, nos atrasó todo un día. Los caminos estaban cortados, el camión no se podía mover, así que esperamos hasta que despejó”, indicó.

Y a pesar de que el panorama se repite año tras año, y de que la pobreza nunca cede en aquellos parajes alejados de todo, las necesidades que padecen todos los que allí viven no dejan de asombrarnos. A pesar de la lluvia, no hay agua, ni para beber, ni para higienizarse. En horas en que el sol rajaba la tierra, un grupo de niños trataba de refrescarse en un pequeño charco de barro. De allí la imagen que acompaña esta nota.

Sin embargo, Juan rescata la perseverancia de la gente: “Lo bueno es que encontramos huertas. Sin embargo, hay lugares donde siguen tomando agua de la laguna. Los chicos sólo comen en la escuela y hemos encontrado escuelas que están cerradas, por lo que muchos menores se quedan sin ese indispensable plato de alimento”, lamentó.

Todo, absolutamente todo lo adquirido con el dinero donado y los alimentos que fueron llegando al canal, llegó a destino y fue entregado a quienes más lo necesitan. Pero las necesidades son muchas y Juan confirmó que ya prepara una nueva misión para mayo de 2019.

Entre pobreza y enfermedades

La situación en la zona sanitaria de El Impenetrable es grave en pobreza y enfermedades, especialmente respecto del mal de chagas, a tal punto que las casas están colonizadas por el vector, que es la vinchuca.

Nicolás García , indígena de la etnia wichi, se animó a reclamar por sus derechos y por las familias de su comunidad. Pide que se fumiguen las viviendas que están invadidas de vinchucas en el paraje Nueva Esperanza, ubicado en la propiedad comunitaria indígena, en cercanía del casco urbano de la localidad de Misión Nueva Pompeya, en el Impenetrable chaqueño.

García, con algunas dudas, opinó que en 1994 fue el año en que se efectuó la última fumigación. En la tarea de hacer memoria, dijo que fumigaron “cuando lo del cólera”, refiriéndose a los casos que se produjeron en la zona durante ese año. La situación se agravó porque renunció quién se encontraba a cargo del Programa Nacional de Lucha contra el Chagas en la zona sanitaria de El Impenetrable. Además, durante la gestión de la exministro Mariel Crespo, en que profundizó la crisis en Salud Pública, se desmantelaron los equipos de fumigación y de evaluación entomológica de ranchos y viviendas.

Todo contribuyó a que la situación sea sumamente crítica en la actualidad, a tal punto que las casas están colonizadas por el vector. Se llegó al extremo de que los moradores son las vinchucas y los huéspedes los que viven en los ranchos.

Mamá, bebés, vinchucas y hormigas

Por si fuera poco, además de que las vinchucas colonizaron los ranchos y las viviendas, llegaron las hormigas. Herminda Sevil, tuvo hijas gemelas. Una nació con una cardiopatía asociada al Mal de Chagas. Salud Pública resolvió operarla, pero la mamá se opuso en función de sus propias razones. Vivían en un ranchito de barro de 1,70 metros de altura, del cual debieron irse por la cantidad de vinchucas que allí anidaban.

Cuando nacieron las gemelas les prestaron una pieza de material de 2×3 metros que estaba poblada de hormigas “carniceras” que picaron a las bebas por lo que debieron mudarse y vivir afuera, debajo de una cobertura de plástico. Contaron que eran “hormigas bravas, que pican muy feo”.

Cifras negras

“Las promesas se hacen realidad”, afirmó el director del nuevo hospital de la localidad, Dr. Claudio Tapia, poco antes de la inauguración del moderno edificio del nuevo Hospital de Pompeya, que lucía como la contracara de las viejas instalaciones, que estaba en condiciones prácticamente ruinosas.

Muy pocos gobiernos comprendieron que para que funcione bien un hospital público no alcanza con apilar ladrillos e instalar equipamiento. El factor humano de profesionales, técnicos, enfermeros, mucamos y choferes definen cuando un centro hospitalario presta el servicio sanitario que necesita la población, que como objetivo y meta es muy fácil de identificar porque gran parte de los datos son procesados y consolidados anualmente por la Dirección de Estadísticas Sanitarias del Ministerio de Salud de Chaco, aunque se ocultan datos socio-sanitarios esenciales, bajo el paño de las cifras negras.

En El Impenetrable, invariablemente, se exige y no se brinda un aceitado funcionamiento de salud pública porque es la región que tiene los peores indicadores socio-sanitarios del país, con antiguas endemias como tuberculosis, mal de chagas, desnutrición, mal nutrición, parasitosis, embarazos precoces o prematuros y nacimientos de chicos con discapacidades y mal formaciones por las razones que el sistema conoce y muchas veces oculta. En estos días se presume la proliferación del aedes aigypti, transmisor de dengue, zika y chikunguya, porque fueron intensas las lluvias en la región y se multiplican los criaderos de mosquitos.

El Hospital de Pompeya funciona de regular a mal. El principal problema es la falta de médicos. Existen tres, pero solo trabaja uno en forma diaria y cumpliendo la carga horaria de 44 horas semanales, al que se agrega uno itinerante. Casi todas las atenciones se brindan en el Servicio de Guardia, lo que conspira contra la correcta atención médica hospitalaria.

Por ese motivo, los enfermos vuelven a sus casas sin ser atendidos. El director Claudio Tapia, que es bioquímico, se esfuerza pero no alcanza. Los costos son pagados naturalmente por los enfermos, con pérdidas prematuras de salud y de vidas, aunque las causas sean evitables o altamente evitables, especialmente quienes forman parte de las comunidades indígenas y de los criollos pobres.

Fuentes: Infoteve – Centro Mandela DDHH, centro de estudios e investigación social

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