Video: El pueblo de Villa Paranacito vive sumergido

Entre Ríos – En este pueblo nadie se puede morir: la sala velatoria se convirtió, obligadamente, en una farmacia. Lo único que les queda a sus habitantes es curarse, porque, en el caso de que alguien muera, el rito de despedida tendrá que hacerse en la casa de quien se ofrezca a ayudar. Aquí, todos sufren la crecida. Hace casi tres meses que la situación de este municipio es alarmante, y se mantendrá así, según prevén, hasta septiembre.

“Cuando no está inundado, esto es un paraíso”, dice la directora de la Departamental de Escuelas de las Islas del Ibicuy, Susana Roede, que vive desde 2003 en este pueblo de 4000 habitantes y otros 2000 en las islas.

La ubicación de Villa Paranacito es complicada. Sobre todo, porque está en la zona de confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, en pleno corazón del delta entrerriano. En estos días, el nivel del río Paranacito, el límite natural entre el casco urbano y las islas, sube y baja, pero nunca se aleja de los tres metros.

Para el intendente Gabriel García, el principal problema es socioeconómico: “Acá se desarrollan básicamente actividades primarias, principalmente la forestación, la ganadería y el turismo”. Por la crecida, más de 500 familias que se quedaron sin trabajo. Muchos de los pobladores se trasladan, obligados por la inactividad, a los otros pueblos del distrito: Ceiba, Médano e Ibicuy.

Las escuelas, en problemas

Quince días antes del comienzo de clases, empezaron las obras. Las pasarelas, de tronco y maderas, son esenciales para el acceso a ciertas escuelas. Con fondos de la provincia de Entre Ríos, se llegó a construir todas las necesarias para que los chicos lleguen a clases salvo una.

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Sin embargo, el 29 pasado, sólo los alumnos que debían recuperar materias del año anterior estaban en las aulas, y las mujeres y los hombres de maestranza, con el agua hasta las rodillas, subían todas las mesas y las sillas hacia la planta superior.

Cada tanto, sin avisar, el agua sube y deja el único acceso al pueblo cerrado. De a ratos, por horas, Villa Paranacito queda aislada. Sólo se puede llegar hasta el barrio náutico, ahora un estacionamiento improvisado, que más bien parece un cementerio de autos. Hasta allí llegan todos para dejar sus vehículos y subir a las lanchas o botes que los dejan en el pueblo.

En Villa Paranacito hay 4893 estudiantes que se trasladan en 18 lanchas y dos colectivos del Consejo de Educación. En el departamento Islas del Ibicuy, no hay transporte interurbano. Por eso Mercedes Naef viaja a dedo. En el que iba a ser el primer día de clases se vino desde Larroque, un municipio del departamento de Gualeguaychú, a 127 kilómetros. Es la directora de la primaria que está en el complejo educativo, donde también funcionan una secundaria orientada, una escuela de adultos, una terciara y el nivel inicial.

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