Estudio detectó niveles elevados de plomo en sangre en más de la mitad de los niños analizados en San Javier
Una investigación científica realizada en el departamento San Javier encontró que el 51,5 % de los 101 niños a los que se les tomaron muestras de sangre presentaba niveles de plomo superiores al valor de referencia actual. El trabajo relacionó la exposición con el consumo de carne de animales silvestres cazados con munición de plomo, especialmente patos y carpinchos.
Un estudio científico realizado en comunidades del departamento San Javier, provincia de Santa Fe, detectó niveles de plomo en sangre superiores al valor de referencia en más de la mitad de los niños analizados y encontró una asociación significativa con el consumo de carne de animales silvestres cazados con munición de plomo.
La investigación fue publicada en 2026 en la revista científica Ecotoxicology and Environmental Safety y estuvo a cargo de Andrea Caselli, Valentina Fernández, Ayelén Muchiutti, Ralph E. T. Vanstreels, Martin Santiago y Marcela M. Uhart.
El estudio incluyó encuestas a los responsables de 276 niños de 182 hogares y posteriormente se obtuvieron muestras de sangre de un grupo de 101 niños de entre 1 y 12 años.
De esos 101 niños, 52 presentaron concentraciones iguales o superiores a 3,5 microgramos por decilitro, el valor de referencia utilizado por los investigadores.
Esto representa el 51,5 % de las muestras analizadas.
El vínculo con el consumo de carne de caza
La investigación encontró una marcada relación entre los niveles elevados de plomo y el consumo reciente de carne proveniente de animales silvestres cazados.
El 82 % de los 276 niños incluidos en las encuestas había consumido carne de caza durante los tres meses anteriores.
Entre las especies mencionadas con mayor frecuencia aparecieron los patos, consumidos por el 77 % de los niños relevados, y los carpinchos, presentes en la alimentación del 51 %.
También se registró consumo de nutria, armadillo, yacaré, vizcacha y liebre, entre otras especies.
Los investigadores encontraron que los niños que habían consumido carne de caza presentaban niveles de plomo en sangre significativamente superiores a quienes no habían ingerido estos alimentos.
Entre quienes consumieron carne silvestre, el nivel promedio fue de 4,65 microgramos por decilitro, con registros máximos de hasta 27,6 microgramos por decilitro.
En cambio, entre quienes no habían consumido carne de caza, el promedio fue de 0,62 microgramos por decilitro.
Patos y carpinchos, entre las principales fuentes
El estudio identificó particularmente el consumo de patos y carpinchos como factores asociados con una mayor probabilidad de presentar niveles elevados de plomo en sangre.
La explicación se relaciona con el uso de perdigones de plomo en la actividad de caza.
Cuando la munición impacta contra el animal puede fragmentarse en partículas muy pequeñas que quedan distribuidas alrededor de la zona afectada e incluso más allá de las lesiones visibles.
Por ese motivo, retirar únicamente el perdigón o cortar la porción de carne aparentemente dañada no elimina necesariamente todo el plomo presente.
El propio estudio registró que en numerosos hogares se adoptaban medidas para reducir la exposición: en el 65 % de los casos se buscaban y retiraban los proyectiles y en el 58 % se eliminaban las porciones de carne dañadas.
Sin embargo, los resultados muestran que esas prácticas no necesariamente evitan por completo la contaminación.
Una preocupación especial durante la infancia
Los autores remarcan que la exposición al plomo representa un riesgo especialmente importante durante la niñez debido a sus efectos neurotóxicos y a la mayor vulnerabilidad del organismo durante las etapas de crecimiento y desarrollo.
La investigación concluye que el consumo de carne de caza constituye una vía relevante de exposición al plomo para estas comunidades rurales y plantea la necesidad de avanzar en acciones de salud pública, información sobre los riesgos y promoción de municiones alternativas sin plomo.
El trabajo, titulado Game meat consumption is associated with increased blood lead levels in children in northern Argentina, fue publicado en el volumen 321 de Ecotoxicology and Environmental Safety, con el DOI 10.1016/j.ecoenv.2026.120404.
