La ansiedad social crece entre adolescentes y jóvenes: especialistas advierten por aislamiento y consumo de alcohol
Los trastornos de ansiedad alcanzan actualmente a entre el 30% y el 40% de la población y la ansiedad social tiene especial incidencia durante la adolescencia y el comienzo de la vida adulta. El psiquiatra José Domínguez advirtió que muchas veces se confunde el cuadro con timidez y alertó sobre jóvenes que recurren al alcohol como un “ansiolítico social”
Los trastornos de ansiedad muestran un crecimiento sostenido después de la pandemia y actualmente alcanzan a entre tres y cuatro de cada diez personas, con especial impacto entre adolescentes y jóvenes que comienzan sus estudios universitarios o se incorporan al mundo laboral.
El médico psiquiatra José Domínguez, expresidente de la Asociación de Psiquiatras de Santa Fe y actual presidente del Capítulo de Trastornos de Ansiedad de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA), explicó que la ansiedad social es particularmente frecuente durante la adolescencia y los primeros años de la vida adulta.
“El trastorno de ansiedad social es el más frecuente en la adolescencia y principio de la edad adulta. Después, de los 30 años para arriba, ya predominan otros trastornos”, señaló.
Cuándo la timidez deja de ser solamente timidez
Uno de los principales obstáculos para el diagnóstico temprano es diferenciar un rasgo de personalidad de un problema que comienza a condicionar la vida cotidiana.
“El límite entre lo normal y lo patológico está en el momento donde se empieza a afectar la calidad de vida de la persona por convivir con estos síntomas”, explicó Domínguez.
Entre las situaciones que suelen provocar mayor temor mencionó hablar en público, convertirse en el centro de atención, dirigirse a personas con autoridad, comer o beber frente a otros y rendir exámenes.
Según el especialista, uno de los picos de incidencia se registra alrededor de los 17 y 18 años, especialmente durante el ingreso a la universidad, cuando los jóvenes se enfrentan a nuevos grupos, espacios y rutinas.
El alcohol como “ansiolítico social”
Cuando la ansiedad no es diagnosticada o tratada, puede afectar el rendimiento académico, la vida laboral y los vínculos personales, además de favorecer otros cuadros como la depresión.
Domínguez advirtió particularmente sobre el uso del alcohol para intentar reducir la ansiedad en situaciones sociales.
“Algunos descubren que el alcohol disminuye transitoriamente esa ansiedad. Ahí aparece el riesgo de usarlo como una especie de ‘ansiolítico social’: ‘si tomo, puedo hablar; si tomo, me animo’”, explicó.
Con el tiempo, sostuvo, esa conducta puede transformarse en un problema adicional.
Tratamientos eficaces
El especialista remarcó que la ansiedad social puede ser tratada y que existen herramientas eficaces.
“No estamos hablando de cambiar la personalidad de alguien ni de convertir a una persona introvertida en extrovertida: el objetivo es que el miedo deje de decidir por ella”, afirmó.
Entre los abordajes mencionó la terapia cognitivo conductual y, en los casos indicados, tratamientos farmacológicos que requieren seguimiento médico.
La recomendación es consultar cuando el temor comienza a limitar estudios, trabajo, relaciones o actividades cotidianas, evitando recurrir al alcohol u otras sustancias como mecanismo de desinhibición
