Apicultores rescataron 1.200 colmenas de la crecida del Paraná: «La producción del año está perdida»
Los productores trasladaron sus colmenas desde las islas hacia sectores más seguros antes de que avanzara el agua. Aunque consiguieron evitar una mortandad masiva de abejas, el operativo se realizó en un momento clave para la floración y la cosecha de miel. La apicultora Sofía Esquivel advirtió sobre las pérdidas económicas, los costos de traslado y las dificultades para mantener la certificación orgánica.
La crecida del río Paraná provocó graves consecuencias para la actividad apícola en el departamento San Javier, donde los productores debieron organizar un operativo de emergencia para retirar aproximadamente 1.200 colmenas de la zona de islas y trasladarlas a terrenos más seguros. La rápida intervención permitió preservar las abejas y evitar pérdidas masivas de enjambres, pero alteró el calendario productivo en una etapa decisiva para la actividad, por lo que los apicultores consideran que la cosecha de miel de esta temporada se encuentra prácticamente perdida.
En diálogo con el programa “Qué temprano que arrancaste”, la apicultora de San Javier Sofía Esquivel explicó que los pronósticos de crecimiento del río obligaron a actuar con anticipación para evitar que las colmenas quedaran bajo el agua. “El avance del río nos obligó a retirar 1.200 colmenas de la isla”, señaló la productora, quien destacó que, si bien el traslado permitió proteger el capital biológico de los establecimientos, la reubicación se produjo en un período especialmente sensible para la floración y la posterior producción de miel.
La emergencia representa un fuerte golpe para los productores de la región, cuya actividad depende de las condiciones ambientales, la disponibilidad de flora y la ubicación de las colmenas durante las distintas etapas del ciclo. El traslado forzado no solamente implica gastos extraordinarios, sino que también modifica las condiciones de alimentación de las abejas y las posibilidades de aprovechar la floración característica del ambiente insular.
Un operativo de emergencia para salvar las colmenas
A diferencia de otras inundaciones, cuando el avance del agua provocó pérdidas materiales y mortandad de enjambres, en esta oportunidad los apicultores lograron organizar una evacuación anticipada. Una de las herramientas fundamentales fue la disponibilidad de una embarcación de mayor porte adquirida por uno de los productores de la zona, que permitió acelerar considerablemente el traslado de las colmenas.
Según explicó Esquivel, la embarcación posibilitó movilizar hasta 200 colmenas por viaje, una capacidad muy superior a la de las pequeñas lanchas que habitualmente se utilizan para trabajar en las islas. Gracias a esta logística, los productores pudieron retirar las unidades en menos tiempo y evitar que el agua alcanzara los sectores donde se encontraban instaladas.
Sin embargo, el éxito del operativo de rescate no impidió las consecuencias económicas. Los apicultores debieron afrontar mayores gastos en combustible, mano de obra y nuevos arrendamientos, necesarios para trasladar y ubicar las colmenas en terrenos elevados. Estos costos se suman a la pérdida de ingresos que se prevé para la temporada, generando un escenario de fuerte presión financiera sobre los establecimientos.
Por qué los productores consideran perdida la cosecha
La principal dificultad productiva está relacionada con el momento del año en que debió realizarse la evacuación. Las colmenas fueron retiradas de las islas antes de una etapa fundamental para la actividad, vinculada con la floración insular que se desarrolla entre diciembre y marzo. Al ser trasladadas hacia sectores de monte, las abejas dejaron de encontrarse en el ambiente donde los productores habían planificado aprovechar la disponibilidad de recursos florales.
Esquivel sostuvo que este cambio afecta directamente las perspectivas de producción y que, pese a haber logrado preservar las colmenas, los apicultores no esperan obtener la cosecha prevista. La situación resulta especialmente compleja porque la pérdida de una temporada implica afrontar los costos de mantenimiento de las unidades sin contar con los ingresos habituales por la comercialización de miel.
El problema también muestra la vulnerabilidad de la apicultura frente a los cambios en las condiciones hidrológicas del Paraná. A diferencia de otras actividades agropecuarias, la producción depende de una combinación de factores ambientales y de tiempos biológicos que no siempre pueden recuperarse mediante el traslado de los equipos.
Riesgo para la producción de miel orgánica
La reubicación de las colmenas también generó dificultades para los productores que trabajan con miel orgánica, ya que este tipo de producción requiere cumplir condiciones específicas respecto del ambiente donde se alimentan las abejas. En las islas, los apicultores disponían de sectores alejados de determinadas actividades agrícolas, una característica importante para mantener los requisitos de certificación.
Al trasladar las colmenas hacia zonas de monte cercanas a campos agrícolas, surgió la preocupación por la posible exposición a fumigaciones, circunstancia que podría comprometer la condición orgánica de la producción. “Para que la miel sea orgánica no puede estar en lugares cercanos a áreas con fumigaciones agrícolas. Por eso las teníamos en la isla. Ahora estamos evaluando dónde ubicar esas colmenas específicas para mantener la calidad y certificación”, explicó Esquivel.
La búsqueda de nuevos emplazamientos representa otra dificultad logística y económica para los productores, que deben encontrar terrenos adecuados tanto para la supervivencia de las abejas como para el cumplimiento de las exigencias productivas y comerciales.
Reclaman mayor acompañamiento para la apicultura
La productora destacó el trabajo desarrollado por la Cooperativa Apícola de San Javier, que colaboró con los apicultores para afrontar la emergencia y coordinar las tareas necesarias. No obstante, expresó preocupación por la falta de mecanismos de asistencia específicos para el sector y planteó la necesidad de que la actividad reciba mayor atención por parte de las autoridades provinciales.
Esquivel señaló que la apicultura enfrenta dificultades particulares que no siempre son contempladas dentro de las políticas destinadas a la producción agropecuaria. En ese sentido, cuestionó la ausencia de esquemas específicos de acompañamiento por parte de las autoridades del Ministerio de la Producción, especialmente frente a emergencias que obligan a realizar gastos extraordinarios y provocan pérdidas de ingresos.
“La apicultura no tiene la misma visibilidad o ayuda que sí reciben la ganadería o la agricultura convencional”, concluyó la productora.
Mientras continúa la crecida del Paraná, los apicultores de San Javier enfrentan el desafío de mantener sus colmenas en condiciones adecuadas y reorganizar su actividad después de una evacuación que logró salvar a las abejas, pero dejó seriamente comprometida la producción de miel de la temporada.
